PRIMER ACTO
Tratando de imprimar el único recurso
soplando el polvo de las tapas de los libros
perdidos en su cerrazón impresionante.
Una felicidad de la luz de mis ojos.
Cerré un tomo para siempre sin olvidar
cuánta la conmoción con tan pocas palabras:
ira, impotencia, sin concordancia, admirable
en ese sentido por siempre será solo.
Aquel libro forrado de hojas de periódico.
¡Qué respeto, qué temblor de manos aún!
Insepultable libro centenario. Quede
para siempre violado sólo por mi vista
que será lejana esperando la palabra
que siempre caía al suelo en otros al abrir
hojas pegadas manchadas de pulcritud.
Aromas, colores, sensación de vivencias.
Encontré una flor aplastada entre dos páginas.
¡Qué regalo tan espléndido, qué tesoro
innumerable en su contemplatividad!
Me dijo la flor (como me hablaba una amiga
en los días que el viento retenía las palabras)
que la quisiera, que la amara en esa imagen
no absurda para mí pero sí para ella;
así me retuvo en ese instante de amor
mientras que sus pétalos emanaban lágrimas
que teñían la tierra de su único color,
impregnaban el mundo de un aroma vívido
en un sendero de mis pasos así siempre.
Entonces con mucho cuidado cerré el libro.
Esperé un poco. Mis manos lo sostenían
firmemente y a la vez con tanto cariño
como se recoge a una cría caída de un nido
cuando su piar agudo te conmueve el alma.
Apoyé el libro en la estantería donde estaba;
ahora parecía como una gran copa de árbol
grávida de nidos, y gorriones cantaban
la eterna melodía del universo nuestro
como recogedores de hojas del otoño
en actitud más desafiante hacia la vida.
Invierno que ya se espera, oscuridad
y decadencia imperturbables para ser
más que polvo tras el polvo sangre acromática
en la vidriera sucia que jamás traspase
el rayo de luz que siempre quiere llegar
y no llega a ser ni adonista de recuerdos
que no tiene en su savia un ciprés elevado
a la madurez que alcanza su sombra sola.
La luz desaparece y vuelve en una hora,
apenas el tiempo de un viaje fantástico
de estrecha rapidez, supera a los sentidos
en gratitud de la memoria que se viste
de tul si en su armario no cuelgan redes rotas
ni una araña cae de un hilo de Cachemira
a un viejo cubo de basura arrinconado
donde tejerá su red que espera en la boca
del mundo que es su mundo de supervivencia
y queda mirando la ceniza que cae
sobre lo caído en aludes de sombras
sepultantes y rompedoras del desecho
que fue ya un hacer en potencia destruido
y olvidado en una serena mudez
cuando se esconde la lengua bajo la cama
que ha dejado tras de sí el hedor del sendero
inconfundible de saliva pegajosa
como rastro admirable y deseado por todo
el que la encuentre estática en su sequedad.
El áspid dibujaba allí su interrogante
con su piel desprendida de luces de aguas
disimulándose en el vórtice lejano
de lo que un muro hace lejano para el ruido
donde giran cabezas arremolinadas
como pantallas cercanas que quieren oír
sólo música de Dios en mundos que crean
al girar; uno, dos y más. Mil cuatrocientos
si cupieran en una tirada de dados
de manos que se hacen nubes en el espacio
para no querer el rocío de la mañana
que sí mira al cielo desde las flores sordas.
Una espera inconsciente y sabida que es
el día tras el mañana. Jirones de telas
esparcidos por el suelo que ahora se ve
que no es más que herrumbre estruendosa que colgaba
de la luz confusa amante de la materia
que vuelve a ser luz en desorden admirable.
El acto del movimiento; la tentativa
es en sí misma destrucción en llamaradas
de sangre y fuego, fuego. Una melancolía
queda en el recuerdo de la quietud asible;
un descanso, una melancolía de paz,
una derogación continua del pasado
que barre las cenizas de las chimeneas
para que sepamos dónde van a parar
(adonde solamente sabe quien las lleva).
Virtud de paciencia en el hacer cotidiano,
claridad de ojos y tónica de pupilas,
brazos entreabiertos trémulos de humedad
hurtada de la boca que sigue cerrada
tensionada en ausencias, vacua de gritar
hacia adentro fugas de dolores del alma
con su medalla en el pecho (pecho del alma)
con su anverso brillante y su reverso fúlgido
(contemplación), inmaculado; desnudez
mórbida que voltea oscilante en el miedo
como títere tembloroso del peneque
distraído y vengativo, burlón humillante.
Pozo del abismo llamante del dolor
de los cuerpos hacia abajo desfigurándose:
perfección en el sopor del alma violada
virgen simulada (risas y asentimiento).
Dilución espiritual en lo despreciable,
(se alarga la sombra del ciprés soleado)
ruidosas abubillas espantadas huyen
de la desolación atemporal que llega
y quiere llegar porque ha estado y permanece
en los sentidos del mundo que se apaga
como otrora hubo luz hoy solo quedan sombras
que se alejan de otras sombras y éstas de otras
en expansión desde la nada hacia la nada
en sorda ignorancia halla un continuo silencio
que nos deparará el día tras el mañana.
SEGUNDO ACTO
Van la rápida creciéndose en longitudes
repentinas de asombros de adonde no ver
desde la misma imagen que se representa
huida la espalda lo quebrado antes conforme
plano azul sigue marrón sigue suelo cóncavo
resuena el pecho y la cabeza y la acritud
desconcebida desde el miedo junta breas
inadheridas al plano vertical vuelve
en paso atrás desconcertado y no seguir
lo llovido ahora seco despejado limpio
espadas cruzantes sudor despierta hálitos
cuanto dos por cuatro menos uno está solo
inadvertido solo quedando es solo.
(Frente a un espejo vertical que hay que romper.)
Hoyas hacia arriba inreflectadas que huyen
de sí no de los óculos desextraviados
indisbiformes anhelados no dibujan
el sol sino las sombras, verde tras las sombras
desinhibientes como antes visualizadas
de entre los surcos medio labrados abajo
agua. Lo turquesa repensado. La agua
de abajo mece los dedos desafilados
no encuentran la tierra sino viscosidad.
Deslices en singular que duelen los roces
hacia el miedo rosa si negro y arrebol
asiendo la línea con las manos desnudas
suponiendo el fin la flecha definitiva
que no se alcanza ahora silencio y lo gris
vuelve tu reflejo frente al espejo prístino.
Ahora rayas imagen despulcruosidad…
Ente desprendido ve desincronizado
lluvias de diamantes siempre astillas endógenas
reconstriñen anaranjados humedades
arenas cuerpos inertes tendidos préfugos
anhelantes de barridos de los esfuerzos
vanos. Tiempo en desconexiones silenciosas
desinhibidas en roles de antimateria
hoy y solo hoy pues mañana bajo astral
densidad aprieto ahogo descoyuntura
vista puertas cerradas desde dentro quedan.
(Pies descalzos lluvia barro calma en silencio).
Un nuevo paso atrás como el espacio atrás
se viene contigo espacio harapo huero
piso fijo consuela la dimensión de los
sentidos perturbados solo perturbado
está tu sentido de mares hacia adentro
cascada inadherible son yemas sangrientas
cayos consentidos de apretar las crisálidas
irrompibles. Hoy rotas por la mano ajena
despreocupada propia ajena mano propia.
Restos querientes de ondas superlumínicas
inaprehendibles lágrimas bajo las sábanas
revolteadas se precipitan hacia arriba
queda la siempre tormenta queda inconclusa
espera de lo que no te quiere llegar
pero está tan cerca siempre como la muerte…
Ondas expansivas que repelen el pie
alzado en la torpeza de torpes ímpetus
para avanzar sobre el espacio retraído
en flujos eléctricos solo encuentra agujeros
de nuevo otra vez el tiempo se ha alimentado
del pensamiento pasado, del ser presente
se ha comido el futuro en indigestiones
atorantes de pelo hirsuto que no fue
ni pasado no presente ni más futuro
que ser flagrante de la atemporalidad.
Reconvivir no sinvivir no anhelar
el tenue aroma de las hojas amarillas
hoy lienzos blanquísimos de temprana aurora.
(Desequilibrio en pie sito pie desnudo…)
Lo que sostiene la luz entrega la luz
en dimensión lineal destruye por cuanto
son y junta las estructuras espaciadas
literal despacios pasos desatendidos
sueña lo rápido antepasado vil
deshecha el momento responsabilidad
descausable procrastinable solo un sueño
templado de leves ropajes descosidos
roto dedo lila azul dolor en tiempo
desconvergente inaceptado impuesto calla
otrora ya ahora ya secunda ya
fuego sobre lo verde chisporroteando.
¡Aquel verdeazul de aquella mañana…!
Impropios los verticales aislantes van
mostrándose de cerca hacia lejos con
misteriosa suntuosidad desatendible
propio mira abajo solo bajo ser
desde arriba sino desde más lo alto
élitros zumban vuelas ahora parpadean
como saber recolectar lo desasido
de lo injerto caído en su inmadurez.
Quieto las sombras incompletas desteñidas
incomprobables desde la inexistencia
asumida al fin libera la memoria
desarraigada entiende este momento
(el espejo enfrente consigue quebrarse)
cenital consciencia plena va asumiendo
lo siguiente tras lo presente ahora sabe
lo desconocible mas lo reconstruyente
vive en gesto de yo que traspasa el espejo
deja atrás el ente desolado en ausencias
por morir adelante con heridas sanas
pulcra y desabatida pureza deviene
la esplendorosidad la música las hojas
del otoño son de primavera son verdes
cuelgan de enredaderas ve por los aleros
del camino inexplorado suelo cristal
traslúcido siente pies calzados y planta
trigos y brozas brisas se viste de tul
ya estando en armadura consistente
no teme no sueña no desespera por
saber lo que le deparará mas las sombras
mas luz del incierto día tras el mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario