06/09/2022

El día tras el mañana

                                  

PRIMER ACTO

 

Tratando de imprimar el único recurso

soplando el polvo de las tapas de los libros                         

perdidos en su cerrazón impresionante.

Una felicidad de la luz de mis ojos.

Cerré un tomo para siempre sin olvidar                                

cuánta la conmoción con tan pocas palabras:

ira, impotencia, sin concordancia, admirable

en ese sentido por siempre será solo.

Aquel libro forrado de hojas de periódico.

¡Qué respeto, qué temblor de manos aún!                           

Insepultable libro centenario. Quede

para siempre violado sólo por mi vista

que será lejana esperando la palabra

que siempre caía al suelo en otros al abrir

hojas pegadas manchadas de pulcritud.                               

Aromas, colores, sensación de vivencias.

Encontré una flor aplastada entre dos páginas.

¡Qué regalo tan espléndido, qué tesoro

innumerable en su contemplatividad!

Me dijo la flor (como me hablaba una amiga                       

en los días que el viento retenía las palabras)

que la quisiera, que la amara en esa imagen

no absurda para mí pero sí para ella;

así me retuvo en ese instante de amor

mientras que sus pétalos emanaban lágrimas            

que teñían la tierra de su único color,

impregnaban el mundo de un aroma vívido

en un sendero de mis pasos así siempre.

Entonces con mucho cuidado cerré el libro.

Esperé un poco. Mis manos lo sostenían                              

firmemente y a la vez con tanto cariño

como se recoge a una cría caída de un nido

cuando su piar agudo te conmueve el alma.

Apoyé el libro en la estantería donde estaba;

ahora parecía como una gran copa de árbol                         

grávida de nidos, y gorriones cantaban

la eterna melodía del universo nuestro

como recogedores de hojas del otoño

en actitud más desafiante hacia la vida.

Invierno que ya se espera, oscuridad                                   

y decadencia imperturbables para ser

más que polvo tras el polvo sangre acromática

en la vidriera sucia que jamás traspase

el rayo de luz que siempre quiere llegar

y no llega a ser ni adonista de recuerdos                             

que no tiene en su savia un ciprés elevado

a la madurez que alcanza su sombra sola.

La luz desaparece y vuelve en una hora,

apenas el tiempo de un viaje fantástico

de estrecha rapidez, supera a los sentidos                            

en gratitud de la memoria que se viste

de tul si en su armario no cuelgan redes rotas

ni una araña cae de un hilo de Cachemira

a un viejo cubo de basura arrinconado

donde tejerá su red que espera en la boca                            

del mundo que es su mundo de supervivencia

y queda mirando la ceniza que cae

sobre lo caído en aludes de sombras

sepultantes y rompedoras del desecho

que fue ya un hacer en potencia destruido                          

y olvidado en una serena mudez

cuando se esconde la lengua bajo la cama

que ha dejado tras de sí el hedor del sendero

inconfundible de saliva pegajosa

como rastro admirable y deseado por todo

el que la encuentre estática en su sequedad.

El áspid dibujaba allí su interrogante

con su piel desprendida de luces de aguas

disimulándose en el vórtice lejano

de lo que un muro hace lejano para el ruido                        

donde giran cabezas arremolinadas

como pantallas cercanas que quieren oír

sólo música de Dios en mundos que crean

al girar; uno, dos y más. Mil cuatrocientos

si cupieran en una tirada de dados

de manos que se hacen nubes en el espacio

para no querer el rocío de la mañana

que sí mira al cielo desde las flores sordas.

Una espera inconsciente y sabida que es

el día tras el mañana. Jirones de telas                                  

esparcidos por el suelo que ahora se ve

que no es más que herrumbre estruendosa que colgaba

de la luz confusa amante de la materia

que vuelve a ser luz en desorden admirable.

El acto del movimiento; la tentativa

es en sí misma destrucción en llamaradas

de sangre y fuego, fuego. Una melancolía

queda en el recuerdo de la quietud asible;

un descanso, una melancolía de paz,

una derogación continua del pasado                                    

que barre las cenizas de las chimeneas

para que sepamos dónde van a parar

(adonde solamente sabe quien las lleva).

Virtud de paciencia en el hacer cotidiano,

claridad de ojos y tónica de pupilas,

brazos entreabiertos trémulos de humedad

hurtada de la boca que sigue cerrada

tensionada en ausencias, vacua de gritar

hacia adentro fugas de dolores del alma

con su medalla en el pecho (pecho del alma)                    

con su anverso brillante y su reverso fúlgido

(contemplación), inmaculado; desnudez

mórbida que voltea oscilante en el miedo

como títere tembloroso del peneque

distraído y vengativo, burlón humillante.

Pozo del abismo llamante del dolor

de los cuerpos hacia abajo desfigurándose:

perfección en el sopor del alma violada

virgen simulada (risas y asentimiento).

Dilución espiritual en lo despreciable,                              

(se alarga la sombra del ciprés soleado)

ruidosas abubillas espantadas huyen

de la desolación atemporal que llega

y quiere llegar porque ha estado y permanece

en los sentidos del mundo que se apaga

como otrora hubo luz hoy solo quedan sombras

que se alejan de otras sombras y éstas de otras

en expansión desde la nada hacia la nada

en sorda ignorancia halla un continuo silencio

que nos deparará el día tras el mañana.

 

 

SEGUNDO ACTO 


Van la rápida creciéndose en longitudes

repentinas de asombros de adonde no ver

desde la misma imagen que se representa

huida la espalda lo quebrado antes conforme

plano azul sigue marrón sigue suelo cóncavo

resuena el pecho y la cabeza y la acritud

desconcebida desde el miedo junta breas

inadheridas al plano vertical vuelve

en paso atrás desconcertado y no seguir

lo llovido ahora seco despejado limpio

espadas cruzantes sudor despierta hálitos

cuanto dos por cuatro menos uno está solo

inadvertido solo quedando es solo.

(Frente a un espejo vertical que hay que romper.)

Hoyas hacia arriba inreflectadas que huyen

de sí no de los óculos desextraviados

indisbiformes anhelados no dibujan

el sol sino las sombras, verde tras las sombras

desinhibientes como antes visualizadas

de entre los surcos medio labrados abajo

agua. Lo turquesa repensado. La agua

de abajo mece los dedos desafilados

no encuentran la tierra sino viscosidad.

Deslices en singular que duelen los roces

hacia el miedo rosa si negro y arrebol

asiendo la línea con las manos desnudas

suponiendo el fin la flecha definitiva

que no se alcanza ahora silencio y lo gris

vuelve tu reflejo frente al espejo prístino.

Ahora rayas imagen despulcruosidad…

Ente desprendido ve desincronizado

lluvias de diamantes siempre astillas endógenas

reconstriñen anaranjados humedades

arenas cuerpos inertes tendidos préfugos

anhelantes de barridos de los esfuerzos

vanos. Tiempo en desconexiones silenciosas

desinhibidas en roles de antimateria

hoy y solo hoy pues mañana bajo astral

densidad aprieto ahogo descoyuntura

vista puertas cerradas desde dentro quedan.

(Pies descalzos lluvia barro calma en silencio).

Un nuevo paso atrás como el espacio atrás

se viene contigo espacio harapo huero

piso fijo consuela la dimensión de los

sentidos perturbados solo perturbado

está tu sentido de mares hacia adentro

cascada inadherible son yemas sangrientas

cayos consentidos de apretar las crisálidas

irrompibles. Hoy rotas por la mano ajena

despreocupada propia ajena mano propia.

Restos querientes de ondas superlumínicas

inaprehendibles lágrimas bajo las sábanas

revolteadas se precipitan hacia arriba

queda la siempre tormenta queda inconclusa

espera de lo que no te quiere llegar

pero está tan cerca siempre como la muerte…

Ondas expansivas que repelen el pie

alzado en la torpeza de torpes ímpetus

para avanzar sobre el espacio retraído

en flujos eléctricos solo encuentra agujeros

de nuevo otra vez el tiempo se ha alimentado

del pensamiento pasado, del ser presente

se ha comido el futuro en indigestiones

atorantes de pelo hirsuto que no fue

ni pasado no presente ni más futuro

que ser flagrante de la atemporalidad.

Reconvivir no sinvivir no anhelar

el tenue aroma de las hojas amarillas

hoy lienzos blanquísimos de temprana aurora.

(Desequilibrio en pie sito pie desnudo…)

Lo que sostiene la luz entrega la luz

en dimensión lineal destruye por cuanto

son y junta las estructuras espaciadas

literal despacios pasos desatendidos

sueña lo rápido antepasado vil

deshecha el momento responsabilidad

descausable procrastinable solo un sueño

templado de leves ropajes descosidos

roto dedo lila azul dolor en tiempo

desconvergente inaceptado impuesto calla

otrora ya ahora ya secunda ya

fuego sobre lo verde chisporroteando.

¡Aquel verdeazul de aquella mañana…!

Impropios los verticales aislantes van

mostrándose de cerca hacia lejos con

misteriosa suntuosidad desatendible

propio mira abajo solo bajo ser

desde arriba sino desde más lo alto

élitros zumban vuelas ahora parpadean

como saber recolectar lo desasido

de lo injerto caído en su inmadurez.

Quieto las sombras incompletas desteñidas

incomprobables desde la inexistencia

asumida al fin libera la memoria

desarraigada entiende este momento

(el espejo enfrente consigue quebrarse)

cenital consciencia plena va asumiendo

lo siguiente tras lo presente ahora sabe

lo desconocible  mas lo reconstruyente

vive en gesto de yo que traspasa el espejo

deja atrás el ente desolado en ausencias

por morir adelante con heridas sanas

pulcra y desabatida pureza deviene

la esplendorosidad la música las hojas

del otoño son de primavera son verdes

cuelgan de enredaderas ve por los aleros

del camino inexplorado suelo cristal

traslúcido siente pies calzados y planta

trigos y brozas brisas se viste de tul

ya estando en armadura consistente

no teme no sueña no desespera por

saber lo que le deparará mas las sombras

mas luz del incierto día tras el mañana.


 

 

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