Viaje hacia el Yo (1994)
CONCIENCIACIÓN
Cual es la alondra a la mañana, el chopo al atardecer, el murciélago a la madrugada; como es la paloma del parque a la gaviota del mar, así es mi alma a tu alma, mi risa a tu llanto, mi ausencia a tu presencia. No canta el ruiseñor en mi andar oscuro y solitario como estás dentro de mí, conmigo. Así haces bello mi espíritu y leve mi existencia; ¿no eres tú quien arrojaste de mí el dios de la inocencia para colmar la sed de mi querencia? Soy libre porque me diste la libertad que eres tú, inmensamente mayor que el universo de los hombres, que nos hace tan pequeños al mirar al infinito oscuro...; no más oscuro que nuestros corazones, no más inerte que un sinfín de amores, que al fin y al cabo es nuestra vida. Y ya no puedo escuchar lo que hablo, ni leer lo que escribo...; quizá mis sentidos no alcanzan a entender la pureza de tu llamada; y así haces tú solemne mi sonido, mis palabras, que ya mis viciosos sentidos no pueden captarlas, no sienten su magia que es tu magia, tu belleza, mayor que el dios de mi inocencia, que un día creí que era mío. Soy culpable de mi hastío, o inocente de mis ganas. Menos penable es la rosa que me hirió al acariciarla; supo mi mano flácida como sucia y opulosa. Mi lágrima del lamento sobre su flamante rojo cayó, haciendo de ella alimento para su fragancia. Todo aquel que la observaba ensimismado quedaba y por instinto sentía el querer acariciarla; ahora cuenta cada lágrima como belleza y arrogancia. ¿Quién pudo no amar flor tan hermosa? ¿Quién satisfizo su odio con un gesto de ignorancia? No es tan fácil dar amor si no te sobra ya nada, si echas en falta el calor de las púas de la rosa; no es tan fácil dar amor para no perder más nada. ¡No...! ¿Ahora qué...? ¿Ahora que he roto el escudo de mi alma, que he descubierto mi pecho ensangrentado por lágrimas cercanas? ¡Cómo fluyen hacia arriba! (Sangraba el trébol rojo de mi vida; pero no mi vida, sino mi forma de vida). Ha bañado mi cabeza el rojo de la mentira, color de la rosa perdida, fulgente sabor de arrogancia, de agonía. Es la espesura que me hunde, que la conozco y me engaña. ¡Cuánto la quiero en el engaño, cuánto te odio ángel de mis entrañas! ¿Por qué me haces sufrir con tus palabras? ¿Eres bello, inocente, o es belleza tu inocencia, o inocente de ser bello tú eres? ¡Pues vete de mí! No ensucies tu querencia en mi vergüenza; no quiero ver los corales que esconden las profundidades de mi apariencia. No me enseñes las gaviotas que soñaba cuando yo era. ¡No me despiertes, que tengo miedo! ¡Vete de mí, insolente, que tengo frío! ¿No hay abrigo en este lugar sombrío...? Tal vez. Tengo ojos para ver, ¡cállate!. Oigo un suspiro, veo un color, amarillento o anaranjado, verde es su sabor; dulce azul mojado o infinito añil salado... Delirante tornasol del arco iris lejano, eres alma de nuestro sol cercano. ¡No te marches ahora! ¿...No te has ido, verdad que estás escondido? Sumergido en el arrecife de coral o imitando el vuelo de la gaviota fugaz; arte espléndido, solemne desafío que ahora es mi esperanza. Ahora que el viento es frío, eres fuego en mis entrañas.
BÚSQUEDA INTERIOR
Ya no hay caminos donde perder la mirada, no hay miradas que descubran senderos ácronos, estáticos, infinitos, de gualda luz acreciente en tiempos muertos, en momentos vivos en un solo punto invisible ante la prisa, captable para el hombre dormido. Un hombre encontrado siendo centro de un universo verde color templado olor narciso; un universo como ocaso de la vida cuando irrumpe el sonido y el movimiento y el girar y girar y girar de un mundo ya no tan eterno. No vuelve el agua del mar al río, no recae la misma hoja del árbol pero hay días, noches, días..., lunas gigantes, pequeñas, diminutas, gigantes... Hay más agua, y más hojas, y más hombres despiertos, dormidos, hombres muertos, hombres vivos. La distancia inherente separa el corazón de los sueños latentes, que es un único sueño que se esparce en el tiempo, en la tempestad, en la lluvia, en el viento... ¡Qué desconcierto hizo la lluvia ante el sol! ¿Creyó el hombre insolente que se acababa su vida? Hombre que carece de luz en la oscuridad, que pierde la vida cuando queda la mentira de la inercia fatal. No hay luna sin sol, ni hombres sin luna, ni hay luz sin mirada que la sepa reflejar, que desbroce al alba el brillo tras la oscuridad que no miente porque es nada y sobre ello, la nada, existe la mentira y la verdad, el hombre bajo la sombrilla y el perro ladrando a la luna que no tiene frío porque no halla hogar, no padece calor porque el sol solamente le da vida. ¡Cuánto llora la amapola ante el verde oscuro caminar de la ira inconsciente! Soldado sin libertad, ¿dónde buscas lo que te han robado, por qué has de luchar si sientes a tu lado el lento andar del que perdió lo que te quitaron? Haz con tu fusil un arado y siembra en la tierra lo que de tu sueño queda para ver que nada se ha perdido, que el amor del pensamiento ha florecido, que las semillas se esparcen más allá que donde llegan las balas. ¡Mira cómo la sangre de tu amigo hace fértil la tierra!, ¡Mira cómo de ese fruto come tu enemigo, siendo ahora él el amor perdido!
BÚSQUEDA EXTERIOR
¡Cómo ahogáis las penas de mi alma, pañuelos de libertad, alas de esperanza! De las cuatro a las seis duermo y de las seis a las cuatro sueño, y mis sueños son mi vida, y mi vida hace mundos con latidos concordantes y sonidos incesantes... Placeres de mi espíritu que recorren los senderos tras cada lágrima, que humedecen los sentidos por los surcos mojados de espesura blanca, ardiente, yaciente... Soy el alumno aventajado en ciencias del sueño y la mirada, soy el que no está pero se ve cómo pasa, cómo llega y se va. Soy tú, tus entrañas, o quizá tú, tu voz amarga... ¿No crees que estoy en ti, niña morena al alba, delirio de libertad, insolencia despojada de rubor pasional? ¿no crees que me llevé parte de ti, que deshojé la flor de tu sonrisa a cambio de mis ásperas caricias? No mientas, que tu mentira es mi muerte y tu verdad será el despertar de ese sueño letal que me aparta y me coerce. ¿Dónde está mi cura sino en la flor de tu mirada, en los pétalos de tus mejillas, en el cáliz de tu arrogancia...?Ven, acércate a mí que mis pasos no te hallan, que muero en mi andar oscuro entre gritos de ignorancia que caen sobre mí como una feroz tormenta agrede mi alma sutil. Ven, acércate a mí y golpéame con tus palabras, y con tus palabras mi agonía será leve y consolada para luego morir entre llantos de nostalgia... ¡Qué feliz será mi fin con tu gesto de justicia desbordada! De dulce carmín sangrado y gualdas luciérnagas jocosas. Descarga ya sobre mí tus pasiones más veniales y mi suspiro senil será placer agradable en tus entrañas para tu instinto febril. Poema de la mañana, verso al atardecer, verbo en la madrugada... Credo de mi acontecer en cada instante que me hallas postrado ante ti, mujer; una llama o una lágrima. Quizá presto esté también tras la sombra enigmática, y un esbozo de ternura haga brillar la esperanza, sustenta en su oscura desnudez. ¿Es tu abismo la ignorancia donde debo caer? ¡Qué ley de la palabra, alimentada por la fertilidad de la sangre derramada, adoro también...!
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