26/08/2022

Cuentos para dormir y soñar 2

El cuento de la osita.


  Vivía en lo más profundo del bosque, en un claro de un valle junto a un río una familia de osos: papá, mamá, hijo e hija. La pequeña, que era soñadora y alegre conocía ya a su temprana edad los secretos más recónditos y maravillosos de su entorno: sabía el olor de las estaciones y el refugio de la tormenta, había descubierto dónde corría el agua más cristalina y cuándo gozar de la miel más suculenta de sus amigas las abejas. Ella atesoraba la amistad más bella con criaturas inaccesibles para los adultos, incomprensibles para quien no supiera soñar lo suficientemente fuerte.

  Esa clara mañana se despertó especialmente motivada. Iba de excursión con su hermano pequeño y se sentía fuerte y contenta por lo que esperaba. Ya había preparado un picnic para llevar con comida rica. El osito impaciente le preguntaba una y otra vez el destino de su caminata. Ella callaba y reía y saltaba de aquí para allá saludando a todos los animales que se encontraban a su paso. Al fin llegaron a un pequeño lago  entre la espesura.

  No muy lejos, en la orilla contraria los ositos vieron acercarse una yegua blanca. Su trotecillo ideal resplandecía en el espejo mágico del agua. Cuando estuvo junto a ellos les miró y les sonrió; hizo ademán de beber y al rozar el líquido con su hocico todo el lago se tiñó de un color azul turquesa deslumbrante. Entonces todo cambió y la yegua se transformó en unicornio, con su bello cuerno pintado de los colores del arco iris y sus inmensas alas majestuosas. La osita rápidamente se acercó a darle besitos y acariciarle el hociquito. -¡Te presento a Uni!-. De los ojos del osito caían lágrimas de emoción.

  Los hermanos osos subieron al lomo de Uni y volaron hacia las alturas. Subieron y subieron. Pudieron avistar los bosques, su casa que se hacía cada vez más pequeña en la distancia y lugares que no habían visto jamás. Atravesaron nubes de algodón y fue entonces cuando llegaron al mundo de Uni; un mundo de islas que flotaban en el cielo como si colgaran de un hilo invisible. Un conjunto de una docena de islas y sobre cada isla pendía una perla brillante de luz que no cegaba los ojos. Se posaron en una de ellas.

  Uni les mostró su casa y sus bosques que eran como los de los ositos pero más coloridos: los verdes eran más verdes y las flores más hermosas. Todo parecía estar más vivo. Conocieron a su familia y al hermano pequeño de Uni. ¡A él aún no se le había coloreado el cuerno! Eso le hizo mucha gracia a Osito. Jugaron y rieron y soñaron despiertos. La osita ya los conocía pero para el pequeño todo era tan nuevo que creyó estar soñando. Cuando llegó el momento Uni les devolvió a su casa y se despidió de los hermanos en el mismo lago.

  Los ositos quedaron en la distancia observando cómo Uni se alejaba; con su blancura de rayos de sol y su cuerno multicolor les sonreía hasta el próximo encuentro.

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