31/08/2022

Cuentos para dormir y soñar 4

 Juegos de invierno.


  Vivía en lo más profundo del bosque, en un claro de un valle junto a un río una familia de osos: papá, mamá, hijo e hija. El gris de aquella mañana de invierno cubría la cabaña de los osos con su espesura húmeda. Se habían asegurado víveres y todo lo necesario para pasar la fría estación sin tener que hibernar. Ya saciados después del suculento desayuno, los hermanos iban a emprender una nueva e ilusionante aventura.

  La nieve había estado cayendo incesante durante toda la noche y los animalillos del bosque hacían su tímida aparición para conseguir alimento. Junto a la casa, el río bajaba lento y frío con escarcha. Osita le indicó a su hermano que siguieran el cauce hacia arriba y él la obedeció como hacía siempre. Al cabo de un rato llegaron a una zona donde el río se ensanchaba y para sorpresa de Osito allí no corría el agua. ¡Toda la superficie estaba helada! -¡Venga Osito, no tengas miedo!-.

  La mayor corrió sorpresivamente desde la orilla hacia el hielo deslizándose con el impulso barriga abajo y patas extendidas. -¡Yupiiii!-. Osito se quedó mirándola con emoción y miedo; quería imitar a su hermana pero no se atrevía del todo. Empezó por tantear el suelo, caminando despacio en dirección hacia ella. Ya había llegado a mitad del ensanche cuando Osita estaba en la otra orilla exhausta y sin parar de reír. -¡Osito, no! ¡Así no, que es peligroso, deslízate!-. No había acabado la frase cuando ocurrió el accidente.

  La fina capa de hielo se quebró bajo los pies del pequeño haciendo que éste cayera en un círculo de agua helada. -¡Hermano, no!- Osita contemplaba desesperada cómo Osito braceaba intentando incorporarse arriba sin éxito. -¡Aguanta, que busco ayuda enseguida!-. En un suspiro llegó a casa y trajo a papá Oso a la velocidad del rayo. Osito aún resistía gracias a su gruesa piel que lo protegía del frío, pero no por mucho más tiempo. Papá miró a su alrededor buscando cómo ayudar a su hijo. Cerca se elevaba un árbol medio podrido cuyo largo tronco aún resistía en pie.

  Con una fuerza descomunal papá Oso derribó el tronco y éste cayó poco a poco en dirección a Osito. Con la suerte que se posó justo a su lado. Pero a Osito no le quedaban ya apenas fuerzas para sacar los brazos del agua y su cabeza se hundía y le costaba respirar. -¡Agárrate al tronco, venga, que tú puedes!- Su padre sabía que era la única alternativa que tenía para salvarlo, pues el hielo se hubiera vuelto a romper si se acercaba a él. Osita lloraba con desesperación cuando el cuerpo de Osito desapareció bajo las gélidas aguas.

  Osito de repente se vio volando en las alturas con su amigo el pequeño unicornio, feliz y libre, riendo y jugando… Entonces escuchó en una extraña lejanía la voz apagada de su padre. Creyó oír algo como saltar hacia arriba con los brazos en alto. –Ya lo hago, papá, mira- Tomó impulso sobre el lomo del unicornio y de repente todo desapareció y volvió el frío y notó sus garras asidas al tronco de un árbol que ya lo arrastraba hacia la orilla del río. Una vez a salvo hicieron una hoguera para calentarlo rápidamente y se recuperó enseguida.

  Volvieron a la seguridad de la cabaña ya más tranquilos después del susto. Habían aprendido otra lección de supervivencia en el bosque. Hoy sería un día que no olvidarían jamás para ser más prudentes en sus juegos de invierno.

27/08/2022

Cuentos para dormir y soñar 3

Nuevos amigos.


  Vivía en lo más profundo del bosque, en un claro de un valle junto a un río una familia de osos: papá, mamá, hijo e hija. Una mañana de otoño, cuando el aire húmedo alzaba las aves madrugadoras y las ramas más altas rasgaban el gris del cielo los hermanos oseznos ya bostezaban perezosamente. ¡Tan perezosamente como puede bostezar un osito hambriento! -¡A desayunar!-. Sonó desde algún lugar de la cabaña.

  Los escalones de madera crujían bajo los pies de Osito, que bajaba torpemente aún dormido mientras su hermana le apremiaba para que fuera más rápido. En la cocina de la cabaña, la tenue luz que entraba por las ventanas casi se podía palpar y apenas iluminaba la estancia. Un desayuno opíparo les esperaba para comenzar con fuerzas el nuevo día. ¡Un día que iba a ser genial! El otoño es la mejor estación para los osos; hay abundancia de frutos. ¡Y eso les encanta! Por ello y lo que les esperaba ese día iba a ser muy especial e inolvidable.

  Afuera, una fina niebla cubría la superficie del río y se pegaba a los arbustos y a las ramas de los árboles. La humedad se sentía agradable y los ositos vieron asombrados cómo aparecían las primeras setas entre la tierra y las finas hierbas. El bosque estaba plagado de árboles. Árboles altos, con poderosas ramas adonde los ositos les gustaba trepar. Algunos poseían misteriosos huecos en la base del tronco que siempre habían llamado la atención de Osita. Pasaron junto a uno de éstos y la pequeña se paró de repente sintiendo un escalofrío. –Diría que he oído voces…- Le comentó a su hermano.

  Se pararon a escuchar. Y ciertamente se oían unas voces que surgían de lo más profundo del tronco huero. Como atraídos por una fuerza invisible de repente los hermanos se vieron dentro de aquel misterioso árbol bajando por sus anchas raíces a lo desconocido. Increíblemente el camino se ensanchaba cuanto más avanzaban. Osito, que al principio estaba un poco temeroso, ahora se sentía seguro e intrigado. Llegaron a una extensión iluminada.

  Se encontraban dos seres parecidos a gnomos conversando airadamente. En seguida repararon en la presencia de los osos y, sorpresivamente, les recibieron con una ancha sonrisa. No pasó mucho tiempo para que surgiera una bonita amistad entre todos. Los gnomos le contaron a los ositos que hacía tiempo que los observaban por el bosque. Les hablaron de otros amigos fantásticos que lo habitaban y prometieron mostrárselos. Su gran sabiduría y amabilidad hacía que los hermanos se encontraran como en casa. Sin duda ése no iba a ser su único encuentro.

  Llenos de alegría y sabiéndose garantes de los secretos maravillosos del bosque, los ositos regresaron a casa. Habían hecho nuevos amigos. Amigos que les volverían a sorprender en muchas  ocasiones.

26/08/2022

Cuentos para dormir y soñar 2

El cuento de la osita.


  Vivía en lo más profundo del bosque, en un claro de un valle junto a un río una familia de osos: papá, mamá, hijo e hija. La pequeña, que era soñadora y alegre conocía ya a su temprana edad los secretos más recónditos y maravillosos de su entorno: sabía el olor de las estaciones y el refugio de la tormenta, había descubierto dónde corría el agua más cristalina y cuándo gozar de la miel más suculenta de sus amigas las abejas. Ella atesoraba la amistad más bella con criaturas inaccesibles para los adultos, incomprensibles para quien no supiera soñar lo suficientemente fuerte.

  Esa clara mañana se despertó especialmente motivada. Iba de excursión con su hermano pequeño y se sentía fuerte y contenta por lo que esperaba. Ya había preparado un picnic para llevar con comida rica. El osito impaciente le preguntaba una y otra vez el destino de su caminata. Ella callaba y reía y saltaba de aquí para allá saludando a todos los animales que se encontraban a su paso. Al fin llegaron a un pequeño lago  entre la espesura.

  No muy lejos, en la orilla contraria los ositos vieron acercarse una yegua blanca. Su trotecillo ideal resplandecía en el espejo mágico del agua. Cuando estuvo junto a ellos les miró y les sonrió; hizo ademán de beber y al rozar el líquido con su hocico todo el lago se tiñó de un color azul turquesa deslumbrante. Entonces todo cambió y la yegua se transformó en unicornio, con su bello cuerno pintado de los colores del arco iris y sus inmensas alas majestuosas. La osita rápidamente se acercó a darle besitos y acariciarle el hociquito. -¡Te presento a Uni!-. De los ojos del osito caían lágrimas de emoción.

  Los hermanos osos subieron al lomo de Uni y volaron hacia las alturas. Subieron y subieron. Pudieron avistar los bosques, su casa que se hacía cada vez más pequeña en la distancia y lugares que no habían visto jamás. Atravesaron nubes de algodón y fue entonces cuando llegaron al mundo de Uni; un mundo de islas que flotaban en el cielo como si colgaran de un hilo invisible. Un conjunto de una docena de islas y sobre cada isla pendía una perla brillante de luz que no cegaba los ojos. Se posaron en una de ellas.

  Uni les mostró su casa y sus bosques que eran como los de los ositos pero más coloridos: los verdes eran más verdes y las flores más hermosas. Todo parecía estar más vivo. Conocieron a su familia y al hermano pequeño de Uni. ¡A él aún no se le había coloreado el cuerno! Eso le hizo mucha gracia a Osito. Jugaron y rieron y soñaron despiertos. La osita ya los conocía pero para el pequeño todo era tan nuevo que creyó estar soñando. Cuando llegó el momento Uni les devolvió a su casa y se despidió de los hermanos en el mismo lago.

  Los ositos quedaron en la distancia observando cómo Uni se alejaba; con su blancura de rayos de sol y su cuerno multicolor les sonreía hasta el próximo encuentro.

25/08/2022

Cuentos para dormir y soñar 1

El cuento del osito.


  Vivía en lo más profundo del bosque, en un claro de un valle junto a un río una familia de osos: papá, mamá, hijo e hija. El osito, que era el más pequeño, una noche se despertó de madrugada alertado por un sonido nuevo. Como era muy curioso y maduro, se acercó a la ventana para poder oírlo mejor. Claramente era el aullido de un lobo que desconocía aún. Por algún instinto extraño salió de casa persiguiendo el sonido.
 

  Era una noche de luna llena, los peces del río dormían, se oía el murmuro del agua corriente. Los pájaros no volaban en el cielo, en cambio el viento mecía las copas de los árboles amablemente. Solo los grillos rompían el silencio de la noche.  El osito caminó por el bosque hacia lo desconocido esperando dar respuesta a su curiosidad. Caminó y caminó hasta que el sueño le vencía. Entonces se subió a un árbol y se quedó dormido en una rama.
 

  Horas después amaneció en la casa de los ositos. Los pajaritos volaban buscando semillitas para desayunar, ya saltaban los peces en el río. La luz lo invadió todo y la vida florecía verde y azul. Los papás del osito fueron a darle los buenos días y entonces ¡ohh! El osito no estaba en su cuarto. Rápidamente toda la familia se dedicó a buscarlo. Su papá salió al bosque y comenzó a llamarlo con voz enérgica y algo ahogada: ¡Osito! ¡Osito!
 

  Al árbol donde el osito estaba durmiendo llegaron los primeros rayos de sol. Le acariciaron el hociquito y despertó. Entonces fue consciente de todo y se dispuso a regresar a casa arrepentido pensando en su familia. Pero al bajar del árbol, ¡sorpresa! Había una gran serpiente enrollada en el tronco que le impedía acceder al suelo. El osito entró en pánico y comenzó a llamar desesperadamente a su papá.
 

  Por los caminos del bosque, su papá seguía llamando al pequeño osito hasta que éste lo escuchó y papá oso ahuyentó a la serpiente y rescató a su hijo. Éste le prometió que jamás volvería a ocurrir. Regresaron a casa con la familia e hicieron una gran barbacoa para celebrar el reencuentro.