LA FORMA ASTRAL. PRELUDIO. PRIMERA PARTE.
El relato que voy a compartir es totalmente real. No es invención. La motivación para escribir esta experiencia no va más allá de mi necesidad de intentar buscar respuestas que a lo largo de treinta años no he podido resolver adecuadamente, a pesar de investigar tanto en la literatura disponible como en otras fuentes menos contrastadas y así vivo hoy en día sin una explicación coherente con lo que se supone que tenemos que comprender en la coherencia.
Voy a empezar narrando mis primeros contactos con la Ouija (ya más adelante os daré mi opinión). En mi temprana adolescencia, como muchos de mi época y un poco por moda, coqueteé con la tabla de letras y el vaso de cristal que se movía violentamente por una supuesta entidad ajena: fallecidos, espíritus, entes astrales, etc. Nada de eso era ni es.
En una ocasión llegué a experimentar en solitario y fue bastante chocante: un supuesto diablo señor de las tinieblas me invitaba a regalarme todos los placeres humanos a cambio de que me quitara la vida. Incluso me presentó a mis seres fallecidos que me hablaban y me instaban a reunirme con ellos inmediatamente. Estos supuestos familiares conocían todo lo que yo sabía e insistían en las bondades de aquel supuesto mundo donde se encontraban. A pesar de mi juventud entendí que aquello no tenía un sentido lógico y me aparté y no volví a la Ouija.
Lo anterior solamente ha sido una breve aproximación al mundo extraño que no podemos controlar pero existe aun en nuestra mente como una peligrosa aproximación atávica hacia el desconocimiento que un día seguramente la ciencia resolverá.
Pero hay vivencias que nos llevan a entender lo que es el presente consciente y quizá no sea éste sino otro y estemos viviendo en un sueño inducido por algo o por nosotros mismos en un laberinto inabarcable sin salida.
Con 19 años, volviendo de la facultad donde estudiaba, ya en casa, decidí echarme una siesta. Era ya final de curso, sobre el mes de mayo, y caí exhausto en mi cama. Desperté confuso: lo primero que recibí fueron los sonidos habituales de mi ajetreado hogar, entonces aún sin abrir los ojos. Entre ese ruido habitual, noté un zumbido creciente en mis oídos. Y abrí los ojos con intención de incorporarme.
No desperté en mi cama, sino en el techo de mi habitación dando vueltas en torno a la lámpara del techo. No era un sueño puesto que estaba más consciente y despierto que en cualquier situación de mi vida. A pesar de estar mi cuarto en penumbras, la luz que entraba por las rendijas de la persiana lo inundaba todo con una claridad extraña. Además podía ver la estancia completamente incluso sin darme la vuelta como, por poner un ejemplo aproximado, se refleja la luz en una bola de cristal. El ruido en mis oídos se incrementó cuando empecé a desplazarme involuntariamente hacia la ventana.
Mientras sucedía todo esto, como he comentado antes, no solo podía ver mi habitación completamente sino también mi cuerpo tendido en la cama. Me fijé que de él salía una especie de cuerda luminosa hacia mí. A la vez que seguía escuchando los sonidos habituales de casa giré, aún en el techo y antes de chocarme contra la ventana, hacia la pared donde se ubicaba mi cama. Como mi casa era un chalet pareado, esa era la pared contigua a la casa del vecino. Choqué contra ella a la vez que el zumbido en mis oídos se incrementaba.
Me vi volando entonces en un lugar desconocido. Aún seguía percibiendo los sonidos de mi casa y algo más, sentía la postura de mi cuerpo en la cama. Esto es muy difícil de expresar con palabras pero fue como estar volando en una postura fija sin control. Enseguida reconocí que me encontraba en una habitación decorada en estilo infantil. Lo sorprendente fue que, aparte de ver los muebles habituales: cama, armario, mesilla… Me precipité contra un sofá.
Sobre el sofá verde de dos plazas descansaban dos cojines amarillos con estampados de figuras como jugando al golf. Sin saber cómo y con el incremento del ruido en mis oídos, me metí literalmente en uno de esos cojines. Sigo insistiendo en que no tengo recursos literarios suficientes y dudo que los haya. Estaba dentro del cojín, y podía ver las partículas que lo componían, incluso como si yo fuera tan pequeño como un átomo y además ver que todo estaba en movimiento, como vivo. Entonces desperté.
Estaba en mi cama, confuso. A partir de entonces me informé y consumí bastante literatura sobre lo que me había ocurrido: un viaje astral. Pero, ¿por qué a mí? ¿Qué sentido tenía y qué podía yo hacer con la información de la experiencia de lo vivido?
LA FORMA ASTRAL. PRELUDIO. SEGUNDA PARTE.
Por casualidades de la vida, entonces mantenía una relación con una persona al fin licenciada en Bellas Artes y actualmente una artista consolidada y conocida, de la quien no voy a dar más datos por respetar su privacidad. Ella atesora una sensibilidad tal como para leerte el futuro como para desnudarte el alma literalmente. Es de las personas más especiales que he conocido y que me ha llevado a conocer otras realidades. Entonces le comenté mi experiencia.
A ella no le sorprendió mi relato. Es más. A partir de entonces experimentamos conjuntamente esos viajes astrales (hoy normalizados en sueños lúcidos) en un propósito de buscar, a través del arte inexplorado, pinturas y música (yo soy músico) respuestas a los porqués de las incongruencias de la vida. Llegamos lejos, muy lejos hasta un punto adónde el ser humano no entiende y las realidades encontradas degeneran en miedo.
Pero antes de entrar en las experiencias conjuntas, debo intentar describir hasta donde yo, individualmente, alcancé en esta búsqueda incierta. Supe y sé reproducir el sueño lúcido a voluntad con luces y sombras. En este punto, por responsabilidad, tengo que expresar vehementemente la no recomendación de intentar estas prácticas. Pienso que en la incomprensión de, no solo las motivaciones sino más las resoluciones que quedan irresolutas siempre, queda un vacío que puede desconformar nuestra estabilidad mental hasta la locura.
Aprehendiendo ahora la responsabilidad del lector, continúo con el relato. Aquí tengo que subrayar que las expectativas siempre se desmerecen; el 90 por ciento de las veces, más que disfrutar de esta realidad (cuidado con soñar en viajar por aquí y meterte en casa de/la vecina/o) he experimentado un plano denso y abrumante donde entidades oscuras te maltratan; te estiran de los pies y de las manos, te oprimen el pecho, y necesitas unos eternos segundos pensando en volver a tu cuerpo físico.
Estuve años así; casi todas las salidas de estos viajes lúcidos tuvieron esa terminación. No voy a reproducir ni a copiar argumentarios al respecto (he leído mucho) sino solo me voy a basar en mi experiencia que va algo más allá y creo que puede aportar algo nuevo. Las salidas más amables me encontraron en mundos ideales: ciudades espectaculares, personas que hablaban conmigo sabiendo de dónde venía yo… Me comentaban que ese mundo de ellos era tan real como el mío, y esto lo sigo experimentando y efectivamente sigue siendo así. Pero ahora quiero comentar lo más importante.
LA RELATIVIDAD DEL TIEMPO.
Volviendo a las experiencias con mi amiga, en una ocasión, de tantas que ya habíamos tenido, nos citamos una noche para vernos en ese plano. Curiosamente en nuestras citas yo la veía a ella como una muñeca, es decir, como un avatar de ella misma con su personalidad (como yo la conocía): una niña alocada de cabellos hirsutos. Ella igualmente me recibía a mí. Pero esa noche no estuve a la hora acordada. Según ella me buscó a las doce de la noche (era profesora de instituto y entraba al trabajo a las ocho de la mañana) y yo me quedé toda la noche estudiando y realicé el sueño lúcido sobre las nueve de la mañana (ya ella estaba en su puesto de trabajo).
Sin embargo nos vimos allí con nuestros avatares caprichosos y hablamos. Lo comentamos al día siguiente y, efectivamente, ella estuvo en un tiempo diferente al mío, aun así tuvimos esa conversación que contrastamos con detalles inequívocos. No he encontrado literatura suficientemente clara para poder razonar (si cabe algún razonamiento) esta situación. Añadir, por cerrar este capítulo, que el entorno donde nos encontrábamos era muy neutro, es decir, como si estuviéramos volando en un cielo despejado sin más referencias.
SALIR DEL BAJO ASTRAL PARA SIEMPRE.
Esto que voy a narrar es totalmente real como en cuanto no hay literatura al respecto y puede servir para muchas personas que se encuentren en esta situación. Estando en ese plano del bajo astral, concentrándome para salir de allí y quitarme de esos seres que me maltrataban, aparecí no en mi cuerpo físico, sino en otro lugar en esas dimensiones. Una especie de iglesia enorme, con ventanales. Al menos 3 grandes vidrieras a cada lado, todo era blanco, las vidrieras no eran de colores, y quedé parado junto a una de éstas.
Estando allí dentro observé una gran iglesia pero sin imágenes ni connotaciones religiosas: todo blanco iluminado por una fuerte luz que penetraba las vidrieras. Éstas no presentaban relieves de ningún tipo, pero precisamente la contigua a mí estaba abierta y pude contemplar un paisaje de campos verdes. De repente apareció una figura a un metro de mí.
Para describir a esta figura de forma humana tengo que apelar a la imaginación del lector/a. Más o menos 1,75 m de altura, masculina y ataviado con ropajes estilo medieval como un monje todo color marrón. La capucha le cubría casi todo el rostro hasta que se descubrió. Cuando reconocí su faz me quedé impresionado. Estábamos junto a la vidriera abierta con mucha luz.
En ese momento pude controlar mis movimientos, y me giré un poco y el monje desapareció, sin embargo con otro movimiento sutil volvió a aparecer, y me di cuenta que era como una lámina, como una figura en 2 dimensiones. De hecho, cuando me fijé en su rostro era plano como, por hacer una analogía, aquellos videojuegos de principios de los 90 donde las caras de los personajes no tenían profundidad. Ya por miedo salté hacia la ventana abierta y regresé a mi cuerpo. Quiero decir que ya jamás, en mis sueños lúcidos, he vuelto a aparecer en ese plano denso del astral.